Conozco la incomprensión y el juicio respecto a la adicción, a la ansiedad y a la depresión; sé que mejorar o cambiar no es cuestión de ganas ni de voluntad, porque hay que entender que frente a una enfermedad el único recurso que funciona es atenderse.

Soy terapeuta, trabajo con las enfermedades mentales y también con la adicción. Convivo con las pérdidas, el dolor, la culpa, el miedo, la frustración y la desesperanza. He visto a muchas mujeres distanciarse de sus hijos, a muchos hijos tristes y confundidos, he visto a niñas alejarse de sus casas, sé de embarazos a destiempo, convivo con familias destrozadas, parejas que a pesar del amor que se tienen se volvieron tóxicas, he visto jóvenes abandonando la escuela, lastimando su cuerpo, distorsionando su imagen, he visto padres preocupados por perder el respeto o la autoridad frente a sus hijos, convivo con mujeres que sin haber vivido aún lo suficiente odian su vida y preferirían morir o matarse, conozco mujeres que perdieron su sentido de vida o, peor aún, tal vez nunca lo encontraron; mujeres dependientes a sustancias, a pensamientos obsesivos, a relaciones destructivas; he sido testigo de como la báscula, en ocasiones, se vuelve el eje de la vida y termina por romper el equilibrio y la vida misma.

Conozco la incomprensión y el juicio respecto a la adicción, a la ansiedad y a la depresión; sé que mejorar o cambiar no es cuestión de ganas ni de voluntad, porque hay que entender que frente a una enfermedad el único recurso que funciona es atenderse.

Mi labor es acompañar a quien busca una salida, ayudar también a quien se resiste a recibir ayuda. Entonces el respeto, la comprensión y la empatía se vuelven mi lenguaje para poder escuchar y también ser escuchada, pues en la mayoría de los casos no se trata de rebeldía o falta de ganas sino de una enfermedad.

He aprendido a atar cabos, a leer entre líneas, a descifrar sentimientos. Soy afortunada al poder ayudar; servir se ha vuelto mi vida y ser terapeuta mi vocación. Y cómo no serlo si soy coleccionista de historias que admiro y respeto. Así, puedo dar fe de cómo la recuperación existe y de cómo la vida puede volver a tomar un sentido.

Paulina Herrerías
Directora de Casa Rosa

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