Hola, soy René. ¿En qué puedo servirte?

Dime tú cómo he de ayudarte a mitigar el sufrimiento, a limpiar las heridas y secar tus lágrimas, a estirar la mano para que puedas levantarte.

Dime tú cómo he de ayudarte a mitigar el sufrimiento, a limpiar las heridas y secar tus lágrimas, a estirar la mano para que puedas levantarte. Dame y date la oportunidad de poder mostrarte un juego de herramientas interiores para construir juntos una escala y subir los peldaños; para salir del pozo, del oscuro sufrimiento; para dejar las tinieblas y encontrar la luz.

Permíteme ayudarte a meter la pala en los escombros y encontrar tu sueño. Dame permiso de validar, reconocer, alabar, elogiar y valorar tus talentos. Déjame ayudarte a salir del fango y transformarte en esa hermosa flor de loto que tú eres en realidad. Déjame ayudarte a descubrir tu verdadera naturaleza: ese ser de luz único e irrepetible que eres. Déjame tomarte de la mano y llevarte a redescubrir el tesoro y los dones que hay en ti, a descubrir la sonrisa en tus labios, el brillo en tus ojos y las ganas de vivir para transformar tu mundo y llenar de luz a los que te rodean; a estallar en gozo, amor y plenitud.

Te hablo a ti que estás empeñada o empeñado en destruirte de mil formas, que has tratado de quitarte la vida poco a poco. Que te ves en el espejo y te rechazas. Que ya estás cansada o cansado y ya quieres descansar. Que ya no puedes más y buscas quién te ayude con la pesada carga. A ti que dices estar harto o harta y buscas la paz, la quietud y la alegría. Que tienes una enorme sed interior y no sabes cómo saciarla. A ti que buscaste el refugio en el alcohol y en otras drogas, en dañar tu cuerpo día con día. A ti que estás encerrado en un mundo de dolor.

En esta tarea no se elige cuándo, dónde y a quién servir. No hay excusas para disculparse del compromiso de poder servirte. Siempre hay la disposición de estar en el momento que se necesite porque, en el dolor humano, no hay horario ni calendario. Estar dispuesto a prestar atención a tus necesidades hasta el último aliento y hasta el último latido del corazón.

No se requiere de un talento especial o don para hacer lo que hago, todo lo que se necesita es la disposición para hacerlo porque tú eres lo más importante para mí y eso le da sentido a la vida. Un gran Maestro me dijo sin ambages: “Haz todo lo bueno que puedas, con todos los medios que puedas, en todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todos los tiempos que puedas, a todas las personas que puedas, cada vez que puedas”. Y es mi obligación honrarlo.

Lo único que no puedo hacer por ti, es no hacer nada…

Déjame regalarte una sonrisa, un abrazo y un te quiero. Hoy en mi agenda solo hay tiempo para servir, amar y ser feliz.

Namasté

René Solórzano

Director terapéutico Casa  Rosa

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