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EL PROCESO DE CONVERTIRSE EN PERSONA

Lo viví en mi propio proceso, lo confirmo en los muchos procesos donde he sido quien acompaña.

EL PROCESO DE CONVERTIRSE EN PERSONA
Lo viví en mi propio proceso, lo confirmo en los muchos procesos donde he sido quien acompaña.
Como lo aprendí de Rogers a quien sigo y admiro, Humanista por excelencia, la terapia puede ser el proceso por el cual un individuo se convertirte en persona.
Quiero compartir, porque me pareció una extraordinaria reflexion, lo que una paciente a quien acompañó como terapeuta me regalo y me permitió publicar a cerca de su proceso.

Reflexión sobre la Psicoterapia
Me gustaría hablar sobre mi relación con la psicoterapia relatando mi propia experiencia como paciente. ¿Cuál fue el primer momento que sentí la necesidad de buscar un espacio terapéutico? No sabría decir; quizás fue cuando me sentí completamente atrapada por mi mente y por mis pensamientos negativos, o desde que no le encontraba un sentido como tal a mi vida. Esta misma incertidumbre de no saber cuándo y por qué, fue precisamente lo que me impulsó a querer ser “salvada” por la psicoterapia.
La psicología en sí me ha consumido; ha tomado tal importancia en mi vida que podría decir que a la vez me apasionó, me destruyó, me salvó y me volvió a apasionar. Toda mi vida he querido ser psicoterapeuta, razón principal por la que estudio psicología; sin embargo, esta misma decisión me consumió por poder comprender por completo todo lo que pasaba por mi mente y lo que mi mente provocaba en mí.
Nunca he podido explicar con palabras lo que viví; tan fue así, que provoqué la progresión de mi malestar y no tuve el valor de hacer nada al respecto hasta que buscar el espacio terapéutico fue mi única salida. Es impresionante, el poder que tiene la palabra “terapia”, “psicólogo” o “psicoterapia”; para algunas personas provoca una sensación de angustia, pues implica una exposición de nuestras inseguridades, miedos, resistencias, y todo lo que solemos intentar esconder porque creemos que el otro no lo va a comprender. Para otras, como lo fue para mí, el mismo concepto de “psicoterapia”, implicaba ayuda y salvación. Sea cual sea la interpretación que le demos al concepto, asusta; pues incluso cuando lo interpretas como una salvación, el simple hecho de expresar tus mayores miedos y en sí abrir puertas a lo más profundo de ti, implica mucho valor.
Sentir soledad te puede hundir; no la soledad de no estar acompañado o querido, sino la soledad de ti mismo, sentirse solo con tu propio sufrimiento y que ese mismo sufrimiento te vaya agachando hasta que te hunde por completo. ¿Qué sucede cuando este hundimiento te impide vivir y solamente te permite existir? Solamente hay una respuesta para esto, y esa es la psicoterapia.
Solemos creernos invencibles y omnipotentes ante la vida y hemos sido educados para creer que sufrir está mal, que no se vale, y que si tienes una vida relativamente digna, debes de ser feliz. Este estigma es en mayor medida la razón por la que las personas no van a terapia, e incluso las que más deberían de hacerlo.
Toda mi vida he querido ir a terapia; no solo porque creo que todo mundo debería de ir para llevar una vida lo más sana posible, y quizás esta era mi razón consciente. Sin embargo, hoy por hoy, se que mi razón verdadera, la cual era inconsciente, era mi gran necesidad por sentirme escuchada. Mi gran necesidad de que alguien me entendiera, validara mi sufrimiento y me ayudara a salir adelante, aún cuando mi vida era “completa” y objetivamente no me faltaba nada. Ojalá alguien me hubiera podido tomar una radiografía del interior de mente, para evaluar si efectivamente no me faltaba nada o en defecto, me faltaba todo. Sin embargo, esta radiografía que tanto quería mostrar sin saber cómo, sí la logró captar mi terapeuta.
En el momento en el que me senté en el consultorio, con la terapeuta a la cual había querido ver desde meses atrás y no me atrevía a hacer cita, continuamente posponiéndolas o cancelándolas, sentí que estaba fuera de mi propio cuerpo. Era una sensación de despersonalización que nunca había presenciado y aunque me sentía completamente expuesta y angustiada, por primera vez vi una oportunidad para acabar con mi sufrimiento; una luz al final del camino.
Por primera vez en los últimos tres años aproximadamente, pude expresar cómo me sentía, sin saber cómo; la manera en la que mi terapeuta empatizó conmigo me inspiró y me hizo sentir acompañada. Me notificó que probablemente necesitaba medicamentos, algo que yo siendo estudiante de psicología, evidentemente sospechaba. Me refirió con un psiquiatra de su clínica, y empecé a tomar antidepresivos una semana después.
He acudido a terapia una vez a la semana después de que empecé con medicamentos, lo cual fue hace ya cinco meses. Supongo que si nunca pude expresar cómo me sentía antes por no encontrar las palabras, tampoco puedo encontrarlas ahorita; pero algo sí puedo decir y asegurar: me cambió la vida. Me permitió liberarme de una relación tóxica de la cual no podía escapar y solo me hundía más en sufrimiento, lo cual eventualmente me llevó a conocer a la persona que posiblemente llegue a considerar el amor de mi vida, me permitió funcionar adecuadamente en la carrera sintiéndome lo suficientemente capaz, me permitió mejorar mis relaciones interpersonales, me permitió ver a futuro, cosa que me era muy difícil por la misma sensación de incapacidad académica e intelectual, me permitió aprender a socializar y no sentirme juzgada constantemente, me permitió ponerme metas y poder lograrlas, me permitió aprender a comunicarme de mejor manera, no tenerle miedo a la vida, quererme a mí misma y sobre todo, disfrutar de la vida.
Considero que quererse a sí mismo y disfrutar de la vida son elementos fundamentales para llevar una vida lo suficientemente buena y deseada; y esto, más todo lo que mencioné anteriormente, lo estoy logrando. El logro, aunque se que es mío ya que el crecimiento personal viene de uno mismo, se lo atribuyo principalmente a la psicoterapia; mi terapeuta me salvó, o quizás simplemente podría decir que me permití ser salvada.
Quiero poder yo en un futuro provocar ese cambio en alguien. En mi caso particular, mi terapeuta fue mi salvación y mi guía para llevar el modo de vida que llevo ahora y que quiero llevar siempre. El ir a psicoterapia, además de cambiarme la vida, me inspiró y me llevó más a la realización de lo importante que es la psicoterapia misma y de lo mucho que me apasiona.
Nunca se me va a olvidar algo que me dijo mi terapeuta en esa primera sesión donde mi vulnerabilidad me sobrepasaba: “Nadie merece que le cueste trabajo la vida.” Esta frase ha sido mi punto de referencia para cuando me pregunto a mí misma como estoy; y efectivamente, ya no me cuesta trabajo vivir.

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