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¿Qué es la codependencia?

Como los dependientes a las sustancias químicas, los codependientes, creen que es posible controlar sus vidas por puro esfuerzo o fuerza de voluntad.

¿Qué es la codependencia?

Por: Mónica Daher

Una de las mayores dificultades para incluir la codependencia en cualquier nomenclatura de diagnóstico ha sido su aparente ubicuidad. Descrita por algunos como “una condición del siglo XX”, la codependencia es usualmente descartada como un comentario social. Si casi todos parecen ser codependientes, entonces; ¿Cómo puede ser considerada una enfermedad?

La respuesta radica en la distinción de DSM-III, entre características de la personalidad y desordenes de la personalidad, distinción que es directamente aplicable a la codependencia.

Según la DSM-III, las características de la personalidad son “constantes” patrones de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno y uno mismo, dentro de un amplio rango de contextos sociales y personales. Las características de la personalidad, sólo se convierten en desordenes cuando son “inflexibles y de no-adaptación, y causan o una significante disfuncionalidad social o ocupacional, o una insignificante angustia subjetiva.”

Los desordenes de la personalidad  son “generalmente reconocibles en el tiempo de la adolescencia o antes, y continua a través de una gran parte de la vida adulta”. Aunque hay menos certeza diagnosticando desórdenes de la personalidad con niños o adolescentes, en algunos casos de características de personalidad maladaptativos, pueden ser de suficiente duración (al menos de un año) para garantizar un diagnóstico.

El punto crítico para nuestro propósito es que, mientras que para las características de la codependencia pueden ser amplias, el diagnóstico del desorden de la personalidad codependiente sólo puede ser realizado ante la evidente, e identificable disfuncionalidad, resultante de exceso de rigidez o intensidad, asociado con estas características.

Lo que falta a través de investigación clínica es si los miembros de los dependientes a los químicos efectivamente, desarrollan un reconocible y diagnosticado patrón de características de la personalidad, o si estas características pueden convertirse suficientemente “inflexibles y de no-adaptación”, y causan o una significante disfuncionalidad social o ocupacional, o una insignificante angustia subjetiva. De nuevo, tal investigación no puede ser conducida hasta que un criterio para un diagnóstico para la codependencia haya sido articulado.

Es así que propongo la siguiente como tal criterio en el estilo de DSM-III. Ellos ponen la codependencia dentro del margen de desorden de la personalidad mixta, una condición que existe cuando un individuo no califica para un solo diagnóstico de desorden de la personalidad sino para varios desórdenes. Puesto que la mayoría de los miembros de las familias dependientes de químicos exhiben un reconocible y predecible patrón de características, y puesto que esto encaja nuestra definición de codependientes, podemos empezar a usar estos criterios para diagnosticar la presencia del desorden de la personalidad codependiente.

Criterio de diagnóstico.

1.- Continua inversión de autoestima en la habilidad de controlar a uno mismo y a otros, enfrentando serias y adversas consecuencias.

2.-Asumir responsabilidades sobre las necesidades de los demás y excluir el autoreconocimiento de las propias:

3.-Ansiedad y distorsión de límites alrededor de la separación y la intimidad

 4 .- Inmersión de relaciones desordenes de la personalidad, dependientes químicos, otros codependientes, y /o individuos con desordenes de impulsos.

Relación distorsionada de la fuerza de voluntad

Como los dependientes a las sustancias químicas, los codependientes, creen que es posible controlar sus vidas por puro esfuerzo o fuerza de voluntad. Los dependientes a químicos muestran esto a través de repetidos esfuerzos por controlar el consumo de bebidas o el uso de drogas (“Yo sé que puedo parar después de un trago.” O, “Lo juro, nunca volveré a tomar otra vez”). La codependencia muestra esto a través de repetidos esfuerzos por controlar sus sentimientos y comportamientos ( “Solo si todos tratamos con todas nuestras ganas y trabajamos juntos, podremos hacer que tu padre deje de tomar”).

En ambos casos, la consecuencia es el aislamiento, de los demás, de su auténtico ser y de sus recursos espirituales e inconscientes. Se convierte en una situación de “o esto / o aquello”; o continúan contando totalmente en la fuerza de voluntad, ó sucumben a una amarga desesperanza. No hay brecha de diferencia entre ninguna de las dos.

 

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