¿TRASTORNOS ALIMENTARIOS EN LA EDAD ADULTA?

Parece ser que en la adultez media es frecuente que se observen más casos de trastorno por atracón o trastornos alimentarios no especificados que de anorexia o bulimia nervosas.

¿TRASTORNOS ALIMENTARIOS EN LA EDAD ADULTA?

Por: Dra. Rosalía Rodríguez De Elías

Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades complejas causadas por factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Dentro de los factores biológicos, en años recientes se han identificado aspectos genéticos que participan como predisponentes a la enfermedad. Dichos factores colocan a las personas en situación de vulnerabilidad y la enfermedad se desencadena a partir de la presencia de cuestiones ambientales, como podría ser, por ejemplo, la presión social hacia la delgadez (Academy for Eating Disorders, 2018).

Actualmente, es posible afirmar que estas enfermedades no discriminan en cuanto a la edad, género o raza. Ciertamente son más frecuentes en mujeres y, en particular, existe riesgo de desarrollar estas enfermedades cuando se realizan actividades asociadas al cuerpo; es decir, hay mayor frecuencia de casos entre atletas de alto rendimiento, gimnastas, patinadoras, bailarinas y nadadoras (Academy for Eating Disorders, 2018).

Con anterioridad, se pensaba que eran enfermedades exclusivamente de mujeres y, particularmente, de adolescentes. Indudablemente, la adolescencia es una etapa de especial vulnerabilidad debido a la gran cantidad de cambios físicos, cognitivos, psicológicos y sociales a los cuales el ser humano se enfrenta (Academy for Eating Disorders, 2018). Sin embargo, también es posible que estas enfermedades se presenten en la adultez media, es decir, la etapa comprendida entre los 40 y 65 años (Papalia y Martorell, 2015).

Algunas investigaciones señalan la posible vulnerabilidad asociada a encontrarse en una fase cercana a la menopausia debido a los cambios hormonales que experimentan las mujeres. Estos cambios, señalándose específicamente el papel del estrógeno, podrían influir en la aparición de sintomatología del trastorno de alimentación, así como favorecer una recaída en mujeres con susceptibilidad a factores biológicos. Aunado a lo anterior, la presencia de depresión asociada a las mismas causas estaría participando de manera importante en la expresión de la sintomatología de trastorno alimentario (Baker & Runfolac, 2015).

Parece ser que en la adultez media es frecuente que se observen más casos de trastorno por atracón o trastornos alimentarios no especificados que de anorexia o bulimia nervosas. En este sentido, es importante el malestar y desajuste psicosocial referido por dichos pacientes (Mangweth-Matzek, Hoek, Rupp, Lackner-Seifert, Frey, Whitworth et al., 2014).

La sintomatología de trastorno alimentario, la preocupación por el peso y la comida y las conductas de control de peso inadecuadas que han sido detectadas en este grupo de edad dan fuertes indicios de la presencia de trastornos alimentarios. Dentro de estas últimas conductas, es posible identificar el uso de purgas, pastillas para controlar la ingesta de alimentos así como el ejercicio excesivo como las más predominantes (Gagne, Von Holle, Brownley, Runfola, Hofmeier, Branch et al., 2012).

Aunque aun se cuenta con poca información sobre las características de los trastornos de alimentación en la adultez media, es necesario hacer mención de la existencia de estas enfermedades y la necesidad de recibir tratamiento en estos casos, ya que es un mito que con la edad desaparezca la sintomatología o el malestar asociado.

Independientemente de la etapa de la vida en la que se desarrolle o se exprese un trastorno de la alimentación, son muy importantes la detección temprana y el tratamiento oportuno. El riesgo de muerte que conlleva este tipo de enfermedades está asociado con complicaciones provocadas por la inanición (en los casos de anorexia nervosa), infartos (especialmente en los casos de bulimia nervosa), o por la posibilidad de suicidio. Por otra parte, la calidad de vida de las personas que padecen estas enfermedades se ve fuertemente afectada, así como la de sus familiares. Además, mediante la detección temprana y el tratamiento oportuno es posible tener una mayor probabilidad de recuperación (Academy for Eating Disorders, 2018).

REFERENCIAS:

Academy for Eating Disorders. (2018). Fast facts. Recuperado el 31 de octubre de 2018 de: https://www.aedweb.org/learn/resources/fast-facts

Baker, J. & Runfola,C. (2015). Eating disorders in mildlife women: A perimenopausal eating disorder? Maturitas, 85, 112-116.

Gagne, D., Von Holle, A., Brownley, K., Runfola, C., Hofmeier, S., Branch, K. et al. (2012). Eating disorder symptoms and weight and shape concerns in a large web-based convenience sample of women aged 50 and above: Results of the gender and body image study (GABI). International Journal of Eating Disorders, 45, 832-844.

Mangweth-Matzek, B., Hoek, H., Rupp, C., Lackner-Seifert, K., Frey, N., Whitworth, A. et al. (2014). Prevalence of eating disorders in middle-age women. International Journal of Eating Disorders, 47, 320-324.

Papalia, D. & Martorell, G. (2015). Desarrollo humano. México: McGraw Hill/Interamericana.

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