CONVIVIR CON UN ENFERMO

¿Te gusta sufrir? ¿te gusta sentirte infeliz? Seguramente la respuesta es una negación y es natural y esta correcto para la vida, saber que no queremos sufrir y hacer lo posible (a veces hasta lo inimaginable) para intentar evitar que sufrimos. La gente con algún trastorno o enfermedad tampoco quiere sufrir, tampoco quiere ser infeliz y su finalidad teniendo ciertos comportamientos, es en medida de lo posible aliviarlos –aunque a veces parezca lo contrario-.

Convivir con alguien enfermo.

Por: Alenka Ruiz

¿Te gusta sufrir? ¿te gusta sentirte infeliz? Seguramente la respuesta es una negación y es natural y esta correcto para la vida, saber que no queremos sufrir y hacer lo posible (a veces hasta lo inimaginable) para intentar evitar que sufrimos.

La gente con algún trastorno o enfermedad tampoco quiere sufrir, tampoco quiere ser infeliz y su finalidad teniendo ciertos comportamientos, es en medida de lo posible aliviarlos –aunque a veces parezca lo contrario-.

Cuántos de nosotros, en medida de cuidar a alguien enfermo y evitar dolor y sufrimiento (a los otros y a nosotros) hemos hecho cosas increíbles hasta a veces, llegar al grado de convertirnos en su cómplice, no es por gusto, no es por afición, no es por costumbre, es porque así, pensamos que evitamos algo de dolor, aunque a largo plazo; solo lo prolongamos.

El tener a un enfermo a nuestro lado siempre es un recordatorio muy doloroso sobre la vida y muerte misma. La vida, no solo es tener pulso y podernos mover, tener vida es poder vivir realmente, poder disfrutar, poder crear, poder crecer, poder compartir.

A veces el tener a alguien que “padece algo” también hace que perdamos nosotros nuestra vida pensando que estamos salvando la del otro. A veces cuando alguien que sufre de tanto dolor visible está cerca, se nos olvida nuestro propio dolor y pensamos –si me lo callo y aguanto, nadie se da cuenta- ¿nadie? Y entonces tu ¿Quién eres? Con que te des cuenta tú, basta y sobra; en el mejor de los casos, escuchamos nuestro dolor como una voz susurrante, aunque muchísimas veces estamos tan inmiscuidos en el sufrimiento de los otros, que ni siquiera percibimos el propio, el que sí es más nuestra responsabilidad.

Y es normal, en algunas etapas, en algunas circunstancias perder la identidad, sentir que perdemos los sueños, las ganas, la fe, la seguridad, la salud, etc. Y también sentir enojo, culpa, vergüenza, desolación, impaciencia, querer derrotarnos y tener un sube y baja infinito a nivel emocional y por extraño que parezca, sentir todo esto es más saludable, que el no sentir nada y querer poderlo todo.

Tener a alguien enfermo también es una invitación a re-conocernos, a resaltar y no olvidar también qué queremos sin necesidad de evitarlo o sentirnos mal porque nosotros podemos lograrlo, es una invitación a transformar nuestra vida, en aprender de nosotros, reinventarnos, soltar y por lo menos mientras pasa la situación tener el mínimo autocuidado -¿cómo te sientes útil y capaz? ¿cómo te permites descanso y qué disfrutas y gozas? Porqué ésta, también es tu vida.

 

 

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