Casa Rosa me ha permitido compartir mi experiencia con un equipo de compañeras talentosas y sensibles quienes dedican su vida al cuidado y atención de mujeres jóvenes y adultas que padecen depresión, problemas de alimentación, cutting y trastornos severos de la personalidad.

Yo tenía 5 años cuando, cierta tarde lluviosa, caminaba con la madre de mi abuela paterna por una antigua calle empedrada del Centro Histórico.  La humedad y lo pulido de las piedras hicieron que una joven en un estado de embarazo ya avanzado resbalara, se golpease la espalda y resultara con una torcedura de tobillo. Ni el aguacero ni el frío impidieron que mi bisabuela y yo permaneciéramos -no sé por cuánto tiempo- a su lado. Recuerdo que la viejecita ayudó a la mujer a medio incorporarse, levantando una buena parte de su cuerpo, para luego acercarla al vestíbulo de una tienda y ponerla a salvo de la tormenta. En ese momento creí que mi bisabuela era una mujer de un físico muy poderoso, pero cuando vi fotos de la época, me percaté de lo menuda que era.  Muchos años después supe que, días antes de morir,  “mamá grande” –como la llamaban-  aún cuidaba de un polluelo de cuervo que cayó de un árbol de su jardín y que todavía era muy joven para volar.

En 1985 me gradué como psiquiatra y, desde entonces, he tenido grandes satisfacciones que llegan casi de forma automática. Sin embargo, la lección de vida que mi bisabuela me enseñó fue su legado más importante: comprender el sufrimiento de otros, estar cuando se necesita,  sacar fuerza adicional cuando se requiere y tener la convicción de que todos aprenden a volar cuando se dan los cuidados y la supervisión necesarios. También aprendí que las mujeres tienen problemas emocionales muy particulares.

El trabajo en Casa Rosa me ha permitido compartir mi experiencia con un equipo de compañeras talentosas y sensibles quienes dedican su vida al cuidado y atención de mujeres jóvenes y adultas que padecen depresión, problemas de alimentación, cutting y trastornos severos de la personalidad.  Costos accesibles, técnicas avanzadas de atención, un ambiente propicio para la recuperación emocional y un enorme sentido de responsabilidad en el cuidado de las pacientes son factores que caracterizan al programa de Casa Rosa.

Gracias por la confianza que nos permite ayudar a las mujeres que lo necesitan.

Dr. Luis Solís Rojas

Director Médico de Casa Rosa

 

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