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Hay un debate acerca de si la ansiedad y la depresión antecede o no a los trastornos de la alimentación, ya que se han encontrado indicios de esta precedencia. - Dra. Rosalía Rodríguez

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Por: Dra. Rosalía Rodríguez de Elías

Los trastornos alimentarios son enfermedades complejas en las que su origen se considera multicausal (Gómez-Peresmitré, Saucedo y Unikel, 2001). Representan una gran gravedad debido a sus consecuencias y complicaciones (Bulik, Reba, Siega-Riz, & Reichborn-Kjennerud, 2005; Fitcher, Quadflieg, & Hedlund, 2008; Katzman, 2005; Strober, Freeman, & Morrell, 1997), el pronóstico reservado y el riesgo de fallecimiento (Agras, 2001; Herzog, Greenwood, Dorer, Flores, Ekeblad, Richards, et al., 1999).

De acuerdo con diferentes aproximaciones teóricas, la presencia previa de depresión y ansiedad es favorecedora de la aparición de un trastorno de la alimentación al combinarse con baja autoestima, insatisfacción por la figura y seguimiento de dietas restrictivas (Stice, 2001). Por otro lado, estar insatisfecho con el cuerpo puede producir depresión y ansiedad ya que en nuestra sociedad la importancia de ésta tiene un rol central en el cómo las mujeres se evalúan a si mismas. Asimismo, la ingesta restrictiva de alimentos puede favorecer la ansiedad y la depresión al no lograrse el cumplimiento de reglas estrictas para controlar la comida y por el resultado fisiológico de disminuir la energía proveniente del alimento. Cabe recordar que la comida no es solamente un vehículo para transportar nutrientes al cuerpo, sino que también representa una fuente de placer y eventualmente una forma de distraernos de emociones incómodas (Toro, 1996). Incluso se considera que la presencia de ansiedad y depresión en los trastornos alimentarios no sólo es un factor de riesgo, sino que puede también participar como mantenedor de los atracones (Stice, 2002; Doumit, Zeeni, Sánchez-Ruiz & Khazen, 2015).

Los atracones pueden tener como motivación la intención de evadir estados de conciencia ante el malestar emocional, presentándose procesos de pensamiento alterados que favorecen la desinhibición de la ingesta de alimentos (Heatherton & Baumeister, 1991).

Como factor predisponente, la ansiedad puede ser un rasgo frecuente en jóvenes con trastornos alimentarios. Además, hay estudios que encuentran que ésta está relacionada con la severidad del trastorno (Goddard & Treasure, 2013; Rodríguez, Romero, Vélez y García, 2011).

Específicamente hablando de la imagen corporal, puede producir ansiedad a algunas personas, particularmente aquellas que presentan mayor preocupación por su apariencia, la exposición a imágenes publicitarias que presentan figuras corporales delgadas (Jiménez-Cruz y Silva-Gutiérrez, 2008).

Hablando de la combinación de factores de riesgo, la presencia de ansiedad y perfeccionismo pueden ser una relación que contribuya en el mantenimiento de los trastornos de la alimentación. Esto indicaría que la ansiedad puede acentuar el riesgo de desarrollar un trastorno alimentario al combinarse con otros factores para (Egan, Watson, Kane, McEvoy, Fursland, & Nathan, 2013).

Hay un debate acerca de si la ansiedad y la depresión antecede o no a los trastornos de la alimentación, ya que se han encontrado indicios de esta precedencia. Es decir, por lo que se ha contemplado que los trastornos de ansiedad pudieran ser un factor de vulnerabilidad para el posterior desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria (Kaye, Bulik, Thornton, Barbarich & Masters, 2004); aunque no se descarta una relación inversa.

Godart, Flament, Curt, Perdereau, Lang, Venisse, et al. (2003) señalan que existen tres posibles formas en las que la ansiedad está relacionada con los trastornos de la alimentación. En primer lugar, se contempla la ansiedad como factor de riesgo para desarrollar un trastorno alimentario. En segundo lugar, la ansiedad puede ser secundaria al trastorno de alimentación. En tercer lugar, ambos trastornos pueden compartir factores de riesgo.

La presencia conjunta de anorexia nervosa y trastornos de ansiedad parece más marcada alrededor de rasgos de tipo fóbico y/u obsesivo-compulsivos (Rodríguez et al., 2001), de ahí que el trastorno obsesivo compulsivo sea el más frecuente en pacientes con anorexia nervosa (Godart et al., 2006). En el caso de la bulimia nervosa, se considera que la ansiedad es un factor central en el desarrollo de la enfermedad, contemplándose como un factor predictor (Bulik, 2002).

Tanto los trastornos alimentarios como los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo comparten factores causales y puede presentarse un círculo vicioso. De ahí la importancia de un abordaje integral en el tratamiento (Pallister & Waller, 2008).

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REFERENCIAS 

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Toro, J. (1996). El cuerpo como delito. Barcelona: Ariel.

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