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Es frecuente que entre los padres de pacientes con trastornos alimentarios surja la pregunta ¿cómo es que no lo vi? ¿cómo es que no me di cuenta?. Y es que muchas de las conductas propias de estas enfermedades se viven desde lo oculto, desde lo secreto, ya sea por el deseo de no ser descubiertas o bien por la vergüenza que genera la idea de que sean vistas. - Dra. Rosalía Rodríguez

LA VISIBILIDAD E INVISIBILIDAD EN LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Por: Dra. Rosalía Rodríguez de Elías

Es frecuente que entre los padres de pacientes con trastornos alimentarios surja la pregunta ¿cómo es que no lo vi? ¿cómo es que no me di cuenta?. Y es que muchas de las conductas propias de estas enfermedades se viven desde lo oculto, desde lo secreto, ya sea por el deseo de no ser descubiertas o bien por la vergüenza que genera la idea de que sean vistas.

Tanto en bibliografía general como especializada podemos encontrar la analogía de la sintomatología del trastorno de alimentación ubicada en la punta de un iceberg. Las conductas visibles tienen que ver con la comida y con el cuerpo. En la parte de base del iceberg podemos observar toda la conflictiva interpersonal en donde se hallan experiencias traumáticas, conflictos familiares e interpersonales, baja autoestima, trastornos del estado de ánimo, etc.

Los propios pacientes encuentran la dificultad de hacer conciencia de que están enfermos, en parte porque los daños iniciales en el cuerpo son internos, y también por las mismas alteraciones que se provocan a nivel cerebral debido a las afectaciones que provocan las conductas de la enfermedad.

Por otra parte, en la actualidad existe una mayor cantidad de información con respecto a los trastornos alimentarios y, sin embargo, aún prevalecen mitos al respecto. En sesiones individuales y/o grupales las pacientes suelen preguntarse “¿estaré suficientemente enferma?… es que creo que no estoy tan mal”, tomando como parámetro la apariencia conforme a la enfermedad. En los medios de comunicación aparecen mujeres emaciadas, es decir, excesivamente delgadas, sobre todo para representar a la anorexia y los pacientes suelen pensar “como yo no me veo así, entonces no estoy enfermo”: pensamiento dicotómico, es decir, pensar únicamente en los extremos de un continuo sin considerar los matices intermedios. Aquí podemos notar cómo las distorsiones del pensamiento favorecen la enfermedad.

Asimismo, en los medios de comunicación podemos observar cierta glamourización de los trastornos alimentarios al ser visibles casos de modelos, actrices o cantantes, dando un reforzamiento del tema aspiracional, la sobreexigencia, la visibilidad dentro de la invisibilidad… por otra parte, algunos programas han intentado dar espacio a estas enfermedades y, desafortunadamente, en pocos casos hacen énfasis en la importancia de un tratamiento integral, especializado, donde la adherencia al mismo es imprescindible y en ocasiones mostrando la romantización de la historia en donde todo se resuelve con amor. Y es que es una de las carencias que suele presentar este tipo de pacientes, sin embargo, presentado de dicha forma solamente se estaría favoreciendo una idealización de la dependencia emocional.

Los daños a nivel interno suelen incluir afectaciones gastrointestinales, daño renal, osteopenia u osteoporosis, afectaciones cardiacas, entre otras. Las afectaciones visibles como pérdida de cabello, deterioro dental, resequedad en la piel, aparición de lanugo, etc., suelen minimizarse hasta que aparecen otras más serias como sangrado a partir del vómito autoinducido. En algunos casos, eventos como el último mencionado suelen ayudar al paciente a darse cuenta de la gravedad de su condición y les facilita el pedir ayuda.

Dentro de las 9 realidades publicadas por la Academy for Eating Disorders (2020), se menciona que las personas que tienen un trastorno de alimentación pueden parecer saludables y no estarlo.

El caso de la bulimia nervosa y el peso aparentemente sano también vale la pena ser abordado desde esta perspectiva. Las señales de que una persona tiene esta enfermedad no suelen ser visibles a simple vista. Generalmente, las familias se dan cuenta de que algo está pasando porque desaparece comida de la alacena o bien se encuentra gran cantidad de envolturas de comida en la habitación del paciente. En muchas ocasiones, las pacientes pueden llegar a buscar atención especializada debido a la falta de eficacia en el autocontrol y al incremento de peso corporal, sin que esto signifique conciencia de enfermedad.

Otro ejemplo es de quienes padecen anorexia atípica. Uno de los elementos que mayor confusión produce es que tienen ideas y conductas completamente compatibles con la anorexia nervosa a excepción del peso corporal. Es difícil para ellos comprenderlo y hasta reaccionan de manera defensiva ante este tipo de diagnóstico. Lo viven de manera agresiva, los hace sentir solos, juzgados e incomprendidos.

Parte de las recomendaciones (NEDA, 2021) para hacer mayor conciencia con respecto a los trastornos alimentarios son:

  • Mantenerse informado acerca de estas enfermedades.
  • Participar en los movimientos de aceptación de la diversidad corporal y audiencias críticas ante los medios de comunicación.
  • Preguntarle a quien muestra rasgos de esta enfermedad qué se puede hacer para ayudarla.
  • Ser paciente y compasivo.
  • Evitar discusiones sobre comida.
  • Enfocarse en los aspectos emocionales del trastorno alimentarios.
  • Evitar caer en la excesiva preocupación y atención a la apariencia.

REFERENCIAS

  • Academy for Eating Disorders (2020). Nueve realidades acerca de los trastornos de la conducta alimentaria. Recuperado de https://www.aedweb.org/publications/nine-truths
  • National Eating Disorders Association. (2021). How to help [Folleto]. Recuperado de https://www.nationaleatingdisorders.org/sites/default/files/brochures/How_to_Help.pdf

 

 

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